
¡Bienvenidos a un nuevo espacio de encuentro y renovación interior! Cada viernes, abrimos una ventana digital en nuestra página web para ofrecerles el insumo pastoral «Buscar y hallar»: para el cultivo de tu espiritualidad. Nuestro propósito es brindarles un recurso semanal que motive, acompañe y fortalezca su caminar diario en la fe.
En esta oportunidad, los invitamos a profundizar en el evangelio del XIX Domingo del Tiempo Ordinario con la reflexión titulada: «¡Soy yo!»: La Voz de Jesús que Fortalece Nuestra Fe.
Evangelio según San Mateo 14, 22-33.
En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.
Entretanto, la barca iba ya muy lejos de la costa, y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron, y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.
Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
¿Qué encontrarás en este insumo?
Un espejo de la vida real: Una mirada cercana a esos momentos donde nos sentimos zarandeados por las dificultades, sintiendo la incertidumbre como una noche oscura.
Una voz que calma el miedo: El recordatorio de que Jesús no espera a que pase la tormenta para salir a nuestro encuentro; se hace presente en lo que más tememos diciéndonos: «Tranquilícense y no teman».
La mano tendida: La certeza de que, aun cuando fallamos o dudamos como Pedro, el grito de «¡Sálvame, Señor!» siempre obtiene una respuesta inmediata de compasión y consuelo.
Una invitación a la acción: Claves espirituales para transformar la fe en gestos concretos de solidaridad y caridad con nuestro prójimo.
Una espiritualidad con las puertas abiertas
Este recurso nace y se nutre de la espiritualidad ignaciana, caracterizada por buscar y hallar a Dios en todas las cosas. Sin embargo, queremos recordarles que este don no es exclusivo para un grupo determinado. La riqueza de san Ignacio de Loyola es un regalo para toda la Iglesia y para el mundo entero. Se comparte abiertamente con el deseo sincero de ser una ayuda real y transformadora para cualquier persona que busque luz, fortaleza y un sentido más profundo en su vida.
Te invitamos a tomarte una pausa, orar con calma y expandir el corazón. Puedes leer la reflexión completa y descargar el insumo en formato PDF directamente desde el botón que se encuentra al final de esta nota para conservarlo o compartirlo con tus comunidades y seres queridos.
Sobre el Centro de Espiritualidad y Pastoral (CEP)
Fieles a nuestro horizonte apostólico, el Centro de Espiritualidad y Pastoral de los Jesuitas en Venezuela tiene como misión animar, avivar e irradiar la dimensión espiritual como el impulso vital que inflama la vida personal, comunitaria y eclesial en nuestro país. Buscamos ser un espacio de acompañamiento, discernimiento y esperanza en medio de las fronteras actuales, ayudando a tejer redes de solidaridad y fe viva para construir juntos el Reino de Dios.